
Algo frío y grasiento se untó entre sus nalgas y un dedo curioso lo extendió por su ano. Cristóbal aguantó la respiración cuando notó el dedo de Lorenzo entrando…
- Si te duele lo más mínimo, dímelo y paro…
- Ni se te ocurra- logró decir mientras notaba cómo el dedo entraba y salía, untándole.
Y gimió. Qué sensación tan fuerte… nunca había sentido nada parecido… se inclinó hacia delante para ofrecer su culo a Lorenzo…
Éste veía sus prietas nalgas, las piernas separadas cuanto podía, el agujero que se apretaba alrededor de su dedo… no podía esperar más… se untó él mismo meneándola arriba y abajo y aplastó su grasiento capullo contra el diminuto agujero. No empujó fuerte, simplemente se frotó un poco. Oyó gemir a Cristóbal, acodado en la mesa.
- ¿tienes miedo?- le preguntó haciendo avanzar sus caderas, intentando abrir su culo con su resbaladiza verga.
- Estoy muerto de miedo. Pero te juro que está valiendo la pena…- Cristóbal estaba temblando de excitación y de deseo.
- Si te hago daño, dímelo.- dijo Lorenzo agarrando sus caderas y calzando por fin el glande en el culo de Cristóbal… entró sin dificultad, ayudado por la grasa. Se quedó allí quieto, sin empujar más. Dentro de su culo, apenas un centímetro.
- Oh, joder…- dijo Cristóbal al sentirle. No le estaba doliendo. Apenas un poco de tirantez… sólo deseaba que se la metiera.
Lorenzo lo sacó despacio y la piel de Cristóbal lo expulsó. Lo veía todo claramente y notaba que se correría en dos minutos… y volvió a empujar dirigiéndola con la mano, y volvió a entrar sin dificultad otra vez… en esta ocasión, un poco más adentro. Cristóbal gimió de nuevo… le gustaba… le gustaba sentirle allí… y poco a poco, muy despacio para no hacerle daño, se la fue metiendo hasta que un minuto después, le había llenado por completo.
Y comenzó a moverse muy despacio… veía su polla entrar y salir del culo de Cristóbal y cada empujó, comenzó a ser un poco más fuerte y más violento que el anterior…
- Cristóbal, eres lo mejor…
Sentía los muslos de Lorenzo pegados a los suyos, sus manos en las cadera, su culo a punto de reventar, las mejillas encendidas… le gustaba que le follara. Le gustaba mucho…
Creyó que se iba a desmayar cuando Lorenzo buscó su sexo que se agitaba solo al ritmo de su vaivén y comenzó a meneársela.
- Nunca antes había acariciado una polla que no fuera la mía- le susurró Lorenzo inclinándose sobre él hasta que cubrió la espalda de Cristóbal con su pecho.
- ¿te gusta?-preguntó él con la respiración entrecortada.
- Me encanta…-dijo Lorenzo pegando su mejilla a la nuca de Cristóbal.
Le follaba a empujones no muy fuertes, le acariciaba su sexo con delicadeza… notaba sus huevos golpeando contra los suyos… notaba el calor de Lorenzo en la espalda. Miró hacia abajo. Sujetó con una mano el faldón de la camiseta que le impedía ver cómo Lorenzo le masturbaba y observó. Sus dedos cerrados entorno al tronco, escupían y engullían su glande congestionado, con el agujero dilatado. Aquella visión le provocó un correntazo de placer…
- Me voy a correr- le susurró Lorenzo.
- Hazlo dentro…- le pidió Cristóbal sin dejar de mirar…
Lorenzo jadeó un instante y se apretó un par de veces más contra Cristóbal, sintiendo que su cuerpo se fundía, que su vientre era todo líquido, que de su sexo emanaba una cantidad de semen que jamás antes había expulsado, y que ningún otro orgasmo había durado tanto y había sido tan intenso como el que le sacudía en ese instante…. Correrse en su culo era una fantasía hecha realidad. Gimió con fuerza, incapaz de controlarse mientras seguía pajeándole sin descanso, sin olvidarse de él, porque quería que lo pasara tan bien como él. Cristóbal cerró los ojos y con un gemido, se corrió cuando la verga flácida de Lorenzo salió de su cuerpo. Se agarró fuerte a la mesa, mientras seguía moviendo su piel arriba y abajo, mientras seguía mirando, mientras llenaba con su esperma la mesa de la cocina.
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